Hasta ahora, siempre había visto la figura del profesor como
la de guía/jefe del proceso formativo, sin embargo, llegado a este punto, me
doy cuenta de que su papel cambia bastante al tratarse de la formación en
lenguas.
¿Cambia el punto de partida de un profesor de lenguas a la hora de enseñar? Parece
que sí, puesto que ahora su actuación depende de las necesidades del usuario por
lo que su programa de formación se configurará en función de las mismas.
Reflexionando sobre el perfil lingüístico te das cuenta de que
quizás tratar de enseñar todo lo posible a un alumno no sea el mejor camino
para lograr unos objetivos de aprendizaje de una lengua. Tampoco estaría tan claro el hecho de
pretender que el alumno tenga el mismo nivel en las distintas actividades
comunicativas de la lengua ya que el nivel de dominio de cada una de ellas
dependería, en cierta medida, de las necesidades del mismo. Por tanto, centrarse en las necesidades de uso
de la lengua del alumno así como en el ámbito de uso en el que va a utilizarla nos llevará a un proceso de
formación mucho más claro y útil.
Con esto lo que quiero decir es que no es necesario llegar a
un nivel nativo puesto que las necesidades del alumno puede que no sean esas,
al menos en un primer momento. Tratar de
desarrollar competencias parciales por ámbitos o por actividades comunicativas
de la lengua podría resultar mucho más
productivo. Y, sobre todo, que el alumno vea que
es capaz de desenvolverse en las distintas situaciones en las que podría verse
implicado resulta mucho más motivante desde
el punto de vista del aprendizaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario