Aunque nos veamos bastante sueltos a la hora de poner
en práctica una lengua dentro de un ámbito de uso determinado… ¿podemos dominar
ese acto comunicativo realmente?
Esta cuestión me lleva a pensar en la importancia de
las categorías situacionales externas, es decir, en los lugares, las
instituciones, las personas, los objetos, los acontecimientos, las acciones y
los textos implicados en ese acto comunicativo. Desde mi punto de vista, las cuatro categorías situacionales externas que tienen mayor importancia en el
desarrollo de la comunicación son: los lugares, las instituciones, las personas
y los acontecimientos.
Por ejemplo, en el ámbito de uso educativo ¿cuántos de
nosotros nos hemos preparado una presentación de una asignatura hasta la
saciedad y en el momento de la verdad es como si cambiara todo? ¿Será el
escenario?, ¿el profesor?, ¿que esa exposición puntúa para nota? Podría
pensar en un primer momento que se trata de nervios pero…cuando ya estas harto
de hacer exposiciones, incluso en una lengua que no es la tuya, ¿siguen siendo
nervios?
Todo esto me hace pensar que esos factores externos
influyen tanto como para desestabilizar una situación que tú tenías muy bien
estudiada y ensayada. Lo curioso es que cuando me toca con algún profesor más
amigable la progresión de mi discurso cambia e incluso si la presentación se
hace a la misma altura que el resto de la clase también cambia. Es posible que
sea porque ese contexto se parece más al contexto en el que preparamos la
presentación y nos sentimos más seguros. Con todo esto lo que quiero decir es ¿podemos controlar
nuestra actuación en algún ámbito de uso de la lengua?
Desde mi punto de vista, me atrevería decir que el
único ámbito de uso en el que podemos controlar en mayor medida una lengua es
en el personal. ¿Esto puede ser posible porque dichas categorías externas no
son todas tan determinantes en este ámbito? En este caso, creo que el elemento
externo que tiene mayor incidencia en el desarrollo de nuestro acto
comunicativo son las personas que participan puesto que la relación que
tengamos con las mismas cambiará completamente lo que vamos a decir, el modo de
expresarnos, el tono, la cercanía, etc.
Y por otra parte, ¿tienen la misma incidencia esas
categorías situacionales externas en la comunicación escrita? Cierto es que la
impresión que me da es que no. Puede que esté equivocada pero parece que ese margen de
tiempo del que disponemos antes de escribir permite pensar dos veces sobre esos
elementos externos y esa “presión” que nace cuando estamos pronunciando un
discurso oral, bajo el efecto simultáneo de dichos factores, parece diluirse
bastante.
En conclusión, lo que pretendo decir es que por mucho
que nos esforcemos en controlar una lengua en un ámbito de uso determinado, o
en todos, parece que quien tiene la decisión final de
que lo consigamos sean esas categorías situacionales externas que en muchos
casos no dependen de nosotros, sobre todo en la expresión oral.